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Texto sin contexto

Por 20 octubre, 2022Sin comentarios

Todos sabemos que un texto sin contexto es un pretexto. Cuán fácil es llegar a una conclusión equivocada sobre alguien por una frase que ha dicho o escrito. Y cuántos blogs o vídeos en Youtube hay de los que parecen buscar tres pies al gato mediante la técnica de citar una frase o unas palabras sin más. ¡Cómo cambia la cosa cuando consideramos el contexto de lo dicho o escrito! Sí, el contexto es importante.

Me acordé de ello el otro día mientras leía en el libro de Josué. Me tocó leer el capítulo 24 donde al final nos relata el autor (¡que obviamente no es Josué!) sobre la muerte del sucesor de Moisés. Josué, aquel espía fiel que no dejó que ni el miedo ni las circunstancias hiciesen menguar su confianza en Dios. Josué, que tomó el testigo para liderar al pueblo de Dios en su entrada a la Tierra Prometida.

En los versículos 29 y 30 del último capítulo del libro leemos: «Después de estas cosas murió Josué hijo de Nun, siervo de Jehová, siendo de ciento diez años. Y le sepultaron en su heredad en Timnat-sera, que está en el monte de Efraín, al norte del monte de Gaas». Parecen las palabras típicas de una esquela.

Pero, si tomamos en cuenta el contexto, estos dos versículos dejan de ser un simple aviso de la muerte de Josué para convertirse en una declaración teológica de gran importancia. El libro empieza con el encargo de Dios a Josué de pasar a la Tierra Prometida: «Yo os he entregado, como lo había dicho a Moisés, todo lugar que pisare la planta de vuestro pie» (1:3). Luego el libro relata como efectivamente el pueblo pasa a Canaán, tomando posesión de la tierra, dividiéndola entre las diferentes tribus y familias.

Y así leemos que la primera persona cuya muerte se relata, Josué, es sepultado. ¿Dónde? En su heredad. El contexto nos hace entender claramente que estas palabras no son simplemente una información biográfica de interés general, sino una declaración de que el Dios que prometió dar a su Pueblo una tierra ha cumplido con su palabra. Josué descansa en el lugar que Dios había prometido. El Dios de Moisés, Josué y del Pueblo es un Dios fiel y cumplidor, y sus promesas son sí y amén.

El testimonio de Josué al final de su vida era el mismo que será para cada uno de su pueblo, ya sea el pueblo de aquel entonces, o su pueblo hoy: «que no ha faltado una palabra de todas las buenas palabras que Jehová vuestro Dios había dicho de vosotros; todas os han acontecido, no ha faltado ninguna de ellas» (23:14). Nuestro Dios es fiel, podemos confiar en él. Aunque nosotros le fallemos, ni él, ni su Palabra, ni sus promesas nos fallarán. ¡Aleluya!

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