
La sombra de la duda
Es quizá el ámbito deportivo (y especialmente el futbolístico) uno de los más anárquicos lingüísticamente hablando. No solo padece la invasión idiomática del inglés en proporciones superlativas sino que, además, sufre los ataques despiadados de cronistas deportivos que, metidos a académicos improvisados de la lengua, parecen disponer de una “cantera” inagotable de palabras y expresiones sui géneris que no dejan de sorprendernos: especialmente a aquellos que no somos consumidores habituales de sus productos verbales.
Términos como tuercebotas, gambeta, finta, chilena, chupón, vaselina, salir por uvas, tirar una piedra, hacer la cama, pasar sobre, etc., son parte de un largo elenco de la jerga deportiva: un fenómeno habitual en distintas áreas de la actividad humana, aunque más acusado en el área balompédica.
Estos novadores de la lengua llegan a tropezarse con tropos como la metáfora y la sinécdoque. Porque, vamos, decir que el jugador Fulanito “es duda” requiere unos recursos imaginativos bastante considerables. Pero una vez abierto este camino en la mente colectiva, supongo que aceptaremos expresiones como “Menganito es ausencia”, o “es lesión”, o “es expulsión”, etc. Todo depende de la cantidad de veces que las repita el cronista de turno.
Pero volviendo a la “duda”, ¿y si a un creyente se le ocurre extrapolar la expresión al campo religioso? Quizá oigamos entonces un día que el pastor o los ancianos son duda, que los músicos son duda, que los diáconos son duda, etc. Hasta podría crearse un ambiente de “duda” en más de una congregación. Lo que nos faltaba: que la sombra de la duda planeara aún más sobre nuestras iglesias: ¡en este caso, por nuestro vocabulario!
Demetrio Cánovas director@editorialperegrino.com
Este artículo pertenece a la serie “La Palabra y las palabras“

