{"id":735,"date":"2012-10-24T11:12:56","date_gmt":"2012-10-24T11:12:56","guid":{"rendered":"http:\/\/editorialperegrino.com\/?p=735"},"modified":"2012-11-19T12:35:15","modified_gmt":"2012-11-19T12:35:15","slug":"carta-a-un-nino","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/editorialperegrino.com\/blog\/carta-a-un-nino\/","title":{"rendered":"Carta a un ni\u00f1o"},"content":{"rendered":"<p style=\"text-align: left;\">Hace poco le\u00ed esta carta, y me impact\u00f3 bastante. \u00a0L\u00e9ela y ver\u00e1s como te toca el coraz\u00f3n.<\/p>\n<p style=\"text-align: right;\"><!--more--><\/p>\n<p style=\"text-align: right;\"><em>Westwood,<\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: right;\"><em>Norwood, 1 de julio de 1890<\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: right;\"><em>\u00a1Se\u00f1or, bendice esta carta!<\/em><\/p>\n<p><em>Querido Arthur Layzell:<\/em><\/p>\n<p><em>Hace poco estuve en una reuni\u00f3n de oraci\u00f3n donde hab\u00eda muchos ministros, y el tema de la oraci\u00f3n era \u201cnuestros <\/em><strong><em>ni\u00f1os<\/em><\/strong><em>\u201d. Enseguida se me saltaron las l\u00e1grimas oyendo a esos buenos padres que suplicaban a Dios por sus hijos e hijas. Mientras continuaban con sus ruegos al Se\u00f1or para que salvara a sus familias, mi coraz\u00f3n parec\u00eda a punto de estallar con el ferviente deseo de que as\u00ed fuera. Entonces pens\u00e9: voy a escribir a esos hijos e hijas para recordarles las oraciones de sus padres.<\/em><\/p>\n<p><em>Querido Arthur, tienes el gran privilegio de contar con unos padres que oran por ti. Tu nombre se conoce en los atrios del <\/em><strong><em>Cielo<\/em><\/strong><em> y tu causa ha sido presentada ante el trono de Dios.<\/em><\/p>\n<p><em>\u00bfNo oras t\u00fa por ti mismo? Si no lo haces, \u00bfcu\u00e1l es la raz\u00f3n? Si para otras personas tu alma es valiosa, \u00bfacaso est\u00e1 bien que t\u00fa la descuides? Comprende que los ruegos y las luchas de tu padre <\/em><strong><em>no te salvar\u00e1n<\/em><\/strong><em> si nunca buscas al Se\u00f1or personalmente. Eso lo sabes.<\/em><\/p>\n<p><em>T\u00fa no quieres entristecer a tu querida madre y tu querido padre, pero lo haces. Mientras no seas salvo, ellos jam\u00e1s estar\u00e1n tranquilos. Por muy obediente, agradable y bondadoso que seas, ellos jam\u00e1s se sentir\u00e1n felices con respecto a ti hasta que creas en el Se\u00f1or Jesucristo y encuentres as\u00ed la salvaci\u00f3n eterna.<\/em><\/p>\n<p><em>Piensa en esto; y recuerda cu\u00e1nto has pecado ya y que nadie puede lavarte sino solo Jes\u00fas. Cuando crezcas, puedes llegar a ser un gran pecador, y nadie puede cambiar tu naturaleza y hacerte santo, sino \u00fanicamente el Se\u00f1or <\/em><strong><em>Jesucristo<\/em><\/strong><em> mediante su Esp\u00edritu.<\/em><\/p>\n<p><em>Necesitas lo que pap\u00e1 y mam\u00e1 tratan de conseguir para ti, y lo necesitas AHORA. \u00bfPor qu\u00e9 no buscarlo enseguida? He escuchado a un padre pedir: \u201cSe\u00f1or, salva a nuestros hijos y s\u00e1lvalos cuando a\u00fan son peque\u00f1os\u201d. Nunca es demasiado pronto para estar seguros; nunca es demasiado pronto para ser felices; nunca es demasiado pronto para ser santos. <\/em><strong><em>A Jes\u00fas le encanta recibir a los m\u00e1s peque\u00f1os<\/em><\/strong><em>.<\/em><\/p>\n<p><em>T\u00fa no puedes salvarte a ti mismo, pero el poderoso Se\u00f1or Jesucristo es capaz de hacerlo. P\u00eddele que lo haga: \u201cEl que pide, recibe\u201d. Luego, conf\u00eda en que Jes\u00fas te salvar\u00e1: puede hacerlo, ya que \u00c9l muri\u00f3 y resucit\u00f3 para que todo aquel que en \u00c9l cree no se pierda, mas tenga vida eterna.<\/em><\/p>\n<p><em>Ve y dile a Jes\u00fas que has pecado; busca el perd\u00f3n; conf\u00eda en que \u00c9l te lo da; y ten la seguridad de que eres salvo.<\/em><\/p>\n<p><em>Luego imita a Nuestro Se\u00f1or: s\u00e9 en casa como Jes\u00fas era en Nazaret. Tu casa ser\u00e1 un hogar feliz y tu padre y tu madre sentir\u00e1n que se les ha concedido el deseo m\u00e1s preciado de sus corazones.<\/em><\/p>\n<p><em>Pido que pienses en el <\/em><strong><em>Cielo<\/em><\/strong><em> y el <\/em><strong><em>Infierno<\/em><\/strong><em>, ya que en uno de esos sitios vivir\u00e1s eternamente. Re\u00fanete conmigo en el Cielo. Re\u00fanete ahora mismo conmigo ante el trono de la gracia: sube corriendo las escaleras y ora al Padre poderoso, mediante Jesucristo.<\/em><\/p>\n<p><em>Muy afectuosamente tuyo,<\/em><\/p>\n<p><em>\u00a0C.H. Spurgeon<\/em><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>As\u00ed escribi\u00f3 el gran predicador <strong>Spurgeon<\/strong> a un ni\u00f1o de corta edad.\u00a0 Tal fue su amor hacia los ni\u00f1os y su deseo que se salvaran que toma el tiempo para escribir esta carta para implorar a este ni\u00f1o Arthur que busque al Se\u00f1or.\u00a0 \u00a1Que el Se\u00f1or nos d\u00e9 el mismo coraz\u00f3n hacia los <strong>ni\u00f1os<\/strong>!<\/p>\n<p>(<strong><em>Extracto de <\/em><\/strong><strong><em><a href=\"https:\/\/editorialperegrino.com\/blog\/tienda\/libros\/122-spurgeon-una-nueva-biografia.html\">Spurgeon: Una nueva biograf\u00eda<\/a>)<\/em><\/strong><\/p>\n<div><strong><em>Mateo Hill<\/em><\/strong><\/div>\n<div><a href=\"mailto:director@editorialperegrino.com\">admin@editorialperegrino.com<\/a><\/div>\n<div><\/div>\n<div><em>Se permite la reproducci\u00f3n de este art\u00edculo siempre que se cite su procedencia y se indique la direcci\u00f3n de nuestra p\u00e1gina web.<\/em><\/div>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Hace poco le\u00ed esta carta, y me impact\u00f3 bastante. \u00a0L\u00e9ela y ver\u00e1s como te toca el coraz\u00f3n.<\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":736,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_links_to":"","_links_to_target":""},"categories":[5],"tags":[],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/editorialperegrino.com\/blog\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/735"}],"collection":[{"href":"https:\/\/editorialperegrino.com\/blog\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/editorialperegrino.com\/blog\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/editorialperegrino.com\/blog\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/editorialperegrino.com\/blog\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=735"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/editorialperegrino.com\/blog\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/735\/revisions"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/editorialperegrino.com\/blog\/wp-json\/wp\/v2\/media\/736"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/editorialperegrino.com\/blog\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=735"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/editorialperegrino.com\/blog\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=735"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/editorialperegrino.com\/blog\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=735"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}