{"id":4691,"date":"2016-10-14T10:14:37","date_gmt":"2016-10-14T10:14:37","guid":{"rendered":"http:\/\/editorialperegrino.com\/?p=4691"},"modified":"2016-10-14T12:07:57","modified_gmt":"2016-10-14T12:07:57","slug":"tra-mirada","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/editorialperegrino.com\/blog\/tra-mirada\/","title":{"rendered":"Otra mirada"},"content":{"rendered":"<p style=\"text-align: justify;\">Varias veces he predicado sobre G\u00e9nesis cap\u00edtulo 22, pero nunca me he quedado muy satisfecho. He usado a Abraham como un ejemplo de fe y obediencia, y claro, el texto habla de ello, <strong>pero me quedo buscando m\u00e1s<\/strong>. He hablado de Abraham dispuesto a entregar a su hijo como sacrificio, como tipo de Dios entregando a su Hijo por la iglesia. Otra vez, la idea est\u00e1 all\u00ed, pero termino pensando que se ha quedado corta la cosa.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El otro d\u00eda, al leer la historia de nuevo, creo que di en el clavo.\u00a0 Hab\u00eda estado mirando al personaje equivocado. No es tanto Abraham, ni tampoco Isaac, sino el carnero, aquel pobre animal atrapado en el zarzal, quien es <strong>la clave hermen\u00e9utica<\/strong> de este pasaje. El animal que s\u00ed es el sacrificio que se ofrece en el Monte Moriah.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Primero, es un <strong>sacrificio necesario<\/strong>. Isaac iba a morir, es lo que Dios hab\u00eda pedido a Abraham (v. 2) y el hombre se lo estaba entregando. Isaac est\u00e1 all\u00ed, atado y colocado encima del altar, con el cuchillo de su padre en el cuello. No tiene futuro, ni esperanza; va a morir. Y as\u00ed tengo que ver mi salvaci\u00f3n y el sacrificio que hizo Cristo por m\u00ed. Estaba bajo la condenaci\u00f3n de la muerte, sin esperanza, y Cristo muri\u00f3 por m\u00ed. Se entreg\u00f3 por m\u00ed en sacrificio necesario.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En segundo lugar, el carnero es un <strong>sacrificio divino<\/strong>, es decir, enviado por Dios. De alguna forma, Abraham lo esperaba, como vemos en sus palabras a sus siervos (v. 5) y a su propio hijo (v. 8): \u00abDios proveer\u00e1\u00bb. Dios ten\u00eda que hacer algo, por mantener la l\u00ednea del pacto en Isaac. Y lo hizo; envi\u00f3 el carnero, una soluci\u00f3n divina, justo lo que hac\u00eda falta. Igual con el sacrificio del Cordero de Dios: no es la soluci\u00f3n humana, sino divina, todo de Dios y nada del hombre.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Tambi\u00e9n vemos que el carnero era un <strong>sacrificio sustituto<\/strong>. Isaac vive porque el carnero muere. Isaac baja del altar y el carnero ocupa su lugar. Las llamas consumen la carcasa del carnero mientras Isaac vuelve a casa con su padre. Como dice el himno, en estas palabras tan adecuadas para la celebraci\u00f3n de la Mesa del Se\u00f1or: \u00abUno hay que tom\u00f3 muy lugar en la cruz\u00bb. Vivo yo porque muri\u00f3 el autor de la vida en mi lugar.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Por ultimo (aunque hay mucho m\u00e1s que podr\u00edamos decir), es un <strong>sacrifico prof\u00e9tico<\/strong>. Aqu\u00ed tenemos un hito m\u00e1s en esta l\u00ednea prof\u00e9tica que empieza en G\u00e9nesis 3:15 y pasa por lugares como la Pascua, los sacrificios del Tabern\u00e1culo y del Templo. Una voz que se oye cada vez m\u00e1s alta y clara, hasta llegar a los gritos magistrales de Isa\u00edas 53. Y todo culmin\u00f3 cuando vino el cumplimiento de los tiempos y el Padre envi\u00f3 al Hijo, para morir. Desde antes de la fundaci\u00f3n del mundo Dios ten\u00eda un plan, un plan que sigue hoy: salvar a pecadores, redimir a su pueblo, librarnos de la muerte y llevarnos a la casa del Padre. Ese es su plan, y todo lo que pasa en mi vida y en la tuya forma parte de este gran plan divino.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Y ahora es cuando podemos volver a hablar de <strong>la obediencia y fidelidad de Abraham<\/strong>. Porque es lo que nos toca a cada hijo de Dios: obedecerle en lo que nos pide, y confiar en \u00e9l cuando no lo entendamos.<\/p>\n<p><img loading=\"lazy\" src=\"https:\/\/editorialperegrino.com\/blog\/wp-content\/uploads\/Mateo-252x300.jpg\" alt=\"OLYMPUS DIGITAL CAMERA\" width=\"63\" height=\"75\" \/><a href=\"https:\/\/editorialperegrino.com\/blog\/wp-content\/uploads\/Firma-MPH002.png\" rel=\"wp-prettyPhoto[3677]\"><img loading=\"lazy\" src=\"https:\/\/editorialperegrino.com\/blog\/wp-content\/uploads\/Firma-MPH002-300x135.png\" alt=\"Firma-MPH002\" width=\"175\" height=\"85\" \/><\/a><\/p>\n<p>Mateo Hill<\/p>\n<p><a href=\"http:\/\/director@editorialperegrino.com\" target=\"_blank\">director@editorialperegrino.com<\/a><\/p>\n<div><em>Se permite la reproducci\u00f3n de este art\u00edculo siempre que se cite su procedencia y se indique la direcci\u00f3n exacta de este post.<\/em><\/div>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Varias veces he predicado sobre G\u00e9nesis cap\u00edtulo 22, pero nunca me he quedado muy satisfecho. 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