{"id":3930,"date":"2015-07-23T10:06:41","date_gmt":"2015-07-23T10:06:41","guid":{"rendered":"http:\/\/editorialperegrino.com\/?p=3930"},"modified":"2015-07-23T10:35:08","modified_gmt":"2015-07-23T10:35:08","slug":"bendiciones-con-deberes","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/editorialperegrino.com\/blog\/bendiciones-con-deberes\/","title":{"rendered":"Bendiciones con deberes"},"content":{"rendered":"<p><strong>El cap\u00edtulo ocho de Zacar\u00edas es maravilloso<\/strong>. Una verdadera joya. <strong>El pueblo ha vuelto de Babilonia<\/strong> hace tiempo, <strong>pero llevan 17 a\u00f1os sin avanzar en la reconstrucci\u00f3n de su ciudad y la reedificaci\u00f3n del Templo<\/strong>. <strong>En el cap\u00edtulo siete<\/strong>, <strong>el pueblo<\/strong>, cansado de cumplir con sus obligaciones espirituales, <strong>pregunta a Dios si realmente es necesario celebrar los ayunos<\/strong>. Tras contestar en tono negativo, <strong>dici\u00e9ndoles que han olvidado su Palabra<\/strong> y que adem\u00e1s han olvidado qu\u00e9 les pas\u00f3 a otros (incluso sus antepasados, que olvidaron lo que el Se\u00f1or hab\u00eda dicho), Dios pronuncia las palabras del cap\u00edtulo ocho.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><strong>Es un cap\u00edtulo de restauraci\u00f3n<\/strong>, <strong>de bendici\u00f3n<\/strong>, <strong>donde encontramos al pueblo morando en Jerusal\u00e9n y a Dios en medio de ellos<\/strong>. Tenemos la escena id\u00edlica de los ancianos \u2014algunos dir\u00edan los abuelos\u2014 y los ni\u00f1os juntos en las calle, habl\u00e1ndonos de la permanencia del pueblo all\u00ed y de la falta de peligro a causa de sus enemigos. Vemos la llegada del Pueblo esparcido por todo el mundo, para habitar de nuevo en la ciudad donde vuelve haber cosecha y salario. Hasta los ritos religiosos se volver\u00e1n en cosas de gozo y alegr\u00eda. <strong>Dios est\u00e1 restaurando a su Pueblo <\/strong>y es maravilloso. <strong>Tan maravilloso que otros ser\u00e1n atra\u00eddos hacia el Pueblo precisamente porque Dios est\u00e1 en medio de \u00e9l para bendecirlo<\/strong>.<\/p>\n<h3>Pasaje mesi\u00e1nico<\/h3>\n<p style=\"text-align: justify;\">No solo tuvo su cumplimiento en los tiempos de Zacar\u00edas, sino por supuesto en los tiempos de Jes\u00fas. <strong>El pasaje es claramente mesi\u00e1nico<\/strong>. Y <strong>en \u00e9l vemos unas bendiciones que llegaron con la llegada de Cristo<\/strong> unos cuatrocientos a\u00f1os despu\u00e9s; <strong>cuando en la ciudad de Jerusal\u00e9n<\/strong>, justo fuera de la muralla, <strong>en una cruz<\/strong>, s<strong>e encontraron la verdad y la santidad de Dios<\/strong> (v. 3); l<strong>ugar donde por fin se establece la verdadera paz entre Dios y el hombre<\/strong> (v. 12); <strong>sitio en que la ira de Dios se convierte en bendici\u00f3n<\/strong> (vv. 14 y 15) <strong>y nuestro luto se cambia en baile<\/strong> (v.19); <strong>tanta bendici\u00f3n que los gentiles querr\u00e1n formar parte del Pueblo de Dios<\/strong> (vv. 20-23).<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Pero <strong>en medio de tanta bendici\u00f3n<\/strong> (y hay mucha m\u00e1s de lo que hemos mencionado, b\u00fascalo detenidamente) <strong>encontramos unos deberes para el pueblo<\/strong>. Unas palabras en forma de imperativo. Con las bendiciones vienen los deberes, <strong>con el privilegio viene siempre la responsabilidad<\/strong>.<\/p>\n<h3>Esforzaos<\/h3>\n<p style=\"text-align: justify;\">Dos veces (vv. 9 y 13) <strong>Dios llama a su Pueblo a esforzar sus manos<\/strong>. Vamos, que tienen que trabajar. <strong>Ser cristiano no es un deporte de espectadores<\/strong>, como el ajedrez. <strong>Todos los feligreses mirando a dos<\/strong>, pastores y ancianos, mientras mueven ficha en nombre de todos. <strong>\u00a1No!<\/strong>, <strong>m\u00e1s bien es<\/strong> como una marat\u00f3n popular, <strong>un deporte que involucra a todos<\/strong>.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><strong>Otros imperativos vienen<\/strong> en los vers\u00edculos diecis\u00e9is y diecisiete, <strong>relacionados con nuestras actitudes<\/strong> hacia los otros miembros del Pueblo. Tienen que <strong>hablar la verdad acerca de cada uno<\/strong>, <strong>juzgarles conforme la verdad<\/strong>, <strong>buscando la paz<\/strong>, sin pensar mal de ellos ni aceptar que se hable mal de ellos. \u00bfPor qu\u00e9? <strong>Porque agrada a Dios as\u00ed<\/strong>.<\/p>\n<h3>Amar la verdad y la paz<\/h3>\n<p style=\"text-align: justify;\">Finalmente, <strong>Dios dice que su pueblo tiene que amar la verdad y la paz<\/strong> (v. 19), no solo en sus relaciones, como hemos visto en el punto anterior, sino de forma general. <strong>Que la verdad y la paz nos caractericen como creyentes<\/strong>.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><strong>Yo soy una persona que quiere la bendici\u00f3n de Dios<\/strong>, y en esto no estoy solo. Y quiero m\u00e1s de lo recibido hasta ahora. Me parece poco lo que tengo, en el buen sentido de las palabras. Lo que pasa es que en este cap\u00edtulo <strong>Dios vincula la bendici\u00f3n que recibo con la obediencia que le rindo<\/strong>. Me promete privilegios, pero a la vez deletrea mis deberes. Si no tengo todo lo que creo que Dios tiene para m\u00ed, <strong>si me faltan bendiciones en mi vida<\/strong>, seg\u00fan este pasaje, <strong>tengo que mirar hacia dentro<\/strong>. No porque pueda canjear mi obediencia por bendiciones. Sino porque <strong>\u00bfc\u00f3mo puedo esperar que Dios me bendiga si no vivo como debo?<\/strong> Y <strong>si pongo mi vida en orden<\/strong> <strong>y llega algo m\u00e1s de bendici\u00f3n<\/strong>, <strong>ser\u00e1 todo por la gracia de Dios<\/strong>, porque <strong>no merezco nada de lo que recibo<\/strong>. O <strong>en palabras del vers\u00edculo 6<\/strong>: <strong>ser\u00e1 maravilloso a nuestros ojos<\/strong>.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00a0<img loading=\"lazy\" src=\"https:\/\/editorialperegrino.com\/blog\/wp-content\/uploads\/Mateo-252x300.jpg\" alt=\"OLYMPUS DIGITAL CAMERA\" width=\"63\" height=\"75\" \/><a href=\"https:\/\/editorialperegrino.com\/blog\/wp-content\/uploads\/Firma-MPH002.png\"><img loading=\"lazy\" src=\"https:\/\/editorialperegrino.com\/blog\/wp-content\/uploads\/Firma-MPH002-300x135.png\" alt=\"Firma-MPH002\" width=\"175\" height=\"85\" \/><\/a><\/p>\n<p>Mateo Hill \u00a0\u00a0<a title=\"director@editorialperegrino.com\" href=\"mailto:director@editorialperegrino.com\">administracion@editorialperegrino.com<\/a><\/p>\n<div style=\"text-align: justify;\"><em>Se permite la reproducci\u00f3n de este art\u00edculo siempre que se cite su procedencia y se indique la direcci\u00f3n de nuestra p\u00e1gina web.<\/em><\/div>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>El cap\u00edtulo ocho de Zacar\u00edas es maravilloso. 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