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Se acaba la fiesta

Se acaba la fiesta

Se acaba la fiesta

Hoy es día 7 de enero y España vuelve a la normalidad. Se ha acabado la última fiesta de la Navidad, habiendo celebrado ayer, día 6, los Reyes Magos. En esta última quincena hemos aguantado estoicamente un sinfín continuo de fiestas y actividades que nos han dejado con ganas de vacaciones tan solo para recuperarnos de tanto festejar. O, lo qué es más extraño, ¡ganas de volver al trabajo!

La Navidad

Todo empieza con la Navidad propiamente dicha, aunque para la gran mayoría la fiesta es de dos días porque empieza ya con la Nochebuena y la tradicional cena familiar. Tan buena es la fiesta de la Nochebuena que tenemos el día de Navidad para recuperarnos.

A pocos días nos espera la misma oferta de 2×1 con la fiesta de Nochevieja y el Año Nuevo. Otra vez a reunir a la familia, o dejar a los padres e ir con lo suegros para mantener a todos contentos, y pasarlo bien alrededor de una mesa cargada de manjares no vistos fuera de estas fechas.

Los Reyes Magos

Luego, justo cuando pensamos que nos hemos recuperado, está al acecho la Fiesta de los Reyes Magos, de nuevo presentándose en la versión «pide una y lleva dos». Empieza con la salida de la Cabalgata de Sus Majestades, tal y como se presenta en los telediarios tan serios que nos ofrecen en estas fechas. Por fin, los niños y no tan niños reciben sus regalos: claro, los que no han convencido a sus papás que es más rápido hacer los pedidos de regalos a través de Papá Noel, porque siempre llega antes que los Reyes Magos.

…Y mas fiestas

Y luego añadimos las fiestas no oficiales, las que no aparecen en ningún calendario de estado, las de familia, los encuentros de amigos, las cenas de trabajo, las comidas y actividades en las iglesias cuando los más pequeños muestran sus dotes artísticas, para el orgullo de sus padres y abuelos y la vergüenza ajena de los demás.

Pero al final todo se acaba. Se quita el árbol y se guarda en el trastero hasta el año que viene, junto con las luces, decoraciones y belenes que suelen adornar las casas durante casi un mes del año. Las fiestas, conversaciones y sentimientos de bienestar se quedan como recuerdos gratos en la memoria para sacarlos de vez en cuando en momentos de añoranza o en tiempos difíciles cuando viene bien escaparnos a esos tiempos entrañables.

La fiesta siempre se acaba

Más de un niño habrá dicho a sus padres: “¡Ojalá que fuera Navidad todos los días; yo no quiero que la Navidad se acabe nunca!”. Pero todos sabemos que la vida real no es así. A pesar de la actitud fiestera de los que quieren hacer que la vida sea un botellón interminable, sabemos que las fiestas sí se acaban y hay que volver a la realidad.

Hay una fiesta que no tendrá fin

Pero el cristiano sabe que llegará aquel día cuando la fiesta no tendrá fin, una fiesta que dure para siempre. La fiesta de las Bodas del Cordero de Dios. No la fiesta de la llegada de Dios al hombre, sino de la llegada del hombre a la presencia de Dios. No la fiesta de un nuevo año, sino la de unos nuevos cielos y nueva tierra. No la fiesta de la visita de unos reyes magos, sino la fiesta permanente del Rey de reyes y Señor de Señores. No una fiesta que nos deje con el sentimiento del “día después”, sino del día sin fin.

¡Aleluya, gloria a Cristo!

Y aunque la imagen de una Fiesta de Bodas podría darnos la idea de comer hasta la saciedad y de más, en este caso, como en todas las bodas, el centro de atención no es el bufet, el banquete o la barra libre, sino los novios. Unos novios que solo tienen ojos el uno para la otra. No olvidemos que en esta metáfora no somos los invitados arrinconados en una mesa alejada de la mesa principal organizando nuestra propia fiestecilla al margen de los demás. Sino que realmente por ser miembros de la Iglesia de Cristo somos la Novia. Sentados a lado de nuestro Novio, Cristo mismo, mirándole a los ojos y perdidos en este amor que hace resaltar el corazón con cada latido. Y esta fiesta, la Fiesta de todas las fiestas, no se acabará, nunca, jamás. Allí estaremos eternamente para disfrutar de nuestro Novio, nuestro amante Salvador, el Cordero del mundo que ha quitado el pecado de su pueblo, aquel que ganó nuestro amor amándonos en la cruz del Calvario. Para aquella fiesta no habrá un «día después». ¡Aleluya, gloria a Cristo!

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Mateo Hill   administracion@editorialperegrino.com

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