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Ropa sucia

Ropa sucia

Ropa sucia

Todos los que hemos sido niños sabemos lo que es volver a casa con la ropa sucia. Hemos estado jugando con los amigos y la muestra la tenemos en las rodillas del pantalón. Sabemos que nos echarán la bronca al llegar a casa y así sucede. Es más, tenemos visita en casa, por lo que la regañina es aun mayor: «¿Cómo te atreves a presentarte en casa así, delante del tío Pepe?»

El sacerdote Josué

Algo parecido le pasó al sacerdote Josué en la cuarta visión que recibe Zacarías, que encontramos en el capítulo tres de su profecía. Josué y Satanás están delante del ángel del Señor, y Josué tiene puesta ropa sucia. No solo un poco manchada, sino totalmente impregnada de suciedad, de tal manera que el texto bíblico habla de «vestiduras viles».

Un fracaso de pueblo

Josué, como sacerdote, representa al Pueblo de Dios en esta visión. Un pueblo que es un fracaso realmente: ha estado setenta años en Babilonia a causa de su constante rebeldía contra Dios; al poder volver a la Tierra Prometida, muy pocos eligen abandonar la comodidad de la tierra de castigo; tras empezar bien la tarea de reconstruir el Templo y la ciudad de Jerusalén, la obra se queda parada durante diecisiete años.

Nuestras vidas como creyentes

¡Cuanta suciedad tenemos en nuestras propias vidas como creyentes! No oro como debo, ni leo mi Biblia lo suficiente. No soy ni el marido, ni el padre, ni el hijo que debería ser, mucho menos el empleado, jefe o amigo. Nosotros como Josué, cuando nos presentamos delante de Dios, lo hacemos con la ropa sucia puesta.

Satanás nos acusa

Y Satanás lo sabe. Porque allí está, a la diestra del ángel de Dios, para acusar a Josué. ¡Cuantas veces nos sentimos acusados por Satanás! Nos recuerda nuestros fallos y fracasos. Nos señala nuestra permisividad y pecado. Señala cada mancha por pequeña que sea en nuestra ropa. Y nos hace sentir mal, ¿verdad? Nos sentimos avergonzados, inútiles, humillados; nuestra auto-estima está por los suelos. Y más aún sabiendo que Satanás no miente, no ha tenido que inventar ningún pecado, simplemente apunta a las manchas –«¿Te llamas cristiano y te comportas así?»

Dios nos defiende

Pero si Satanás acusa a Josué, Dios lo defiende. Y declara dos cosas. Primero dice a Satanás que sabía cómo era su Pueblo al elegirlo. Sabía que era un tizón sacado de la lumbre que no sirve ni para alumbrar ni para calentar, solo para manchar. ¡Qué consuelo es saber que Dios me ha elegido y lo hacía a sabiendas de que le iba a fallar! Le fallo, peco contra Él, pero no me quiere menos, a pesar de mi ropa sucia, porque sabía quien era yo a la hora de decidir quererme.

Ropas de gala

La segunda cosa que dice el Señor al representante del Pueblo es que va a limpiar su ropa. Le va a quitar las vestiduras viles para vestirle ropas de gala. ¡Qué imagen más hermosa de como Dios perdona a su pueblo! No simplemente pasa la mano para disimular lo peor de las manchas, sino que nos cambia de ropa. Pero no nos da una cualquiera, sino de gala. Es un perdón total. Borrón y cuenta nueva.

Nuestra responsabilidad

Sabiendo Josué todo esto le quedan dos cosas por hacer. Tiene que obedecer a Dios, andar en sus caminos y guardar sus ordenanzas. El perdón de Dios no nos exime de nuestra responsabilidad de santidad. Es lo que dice Pablo en Romanos 6:1-2: «¿Perseveramos en el pecado para que la gracia abunde? En ninguna manera». El perdón del pueblo debe llevar a la pureza. Si el Dios que me ha elegido en gracia y me ha perdonado, me viste de ropas de gala, mi responsabilidad es mantenerme limpio.

El Renuevo

Y por último Josué, el pueblo, tenía que mirar hacia el Mesías, el Renuevo, la Piedra, en el cual se quitaría el pecado de la tierra en un día. Dios me quita todos mis pecados, toda mi suciedad, y lo hace en Cristo Jesús. Él derramó su sangre preciosa en la cruz para que haya perdón y limpieza aún para alguien como yo, un pecador andrajoso, un tizón arrebatado del incendio. ¡Aleluya! ¡Gloria a Cristo!

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Mateo Hill   administracion@editorialperegrino.com

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