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Andrés Reid nos habla de «La predicación como prioridad»

Andrés Reid nos habla de «La predicación como prioridad»

Andrés Reid nos habla de «La predicación como prioridad»

Celebro de corazón la publicación en español del pequeño libro de Christopher Ash La Predicación como Prioridad por parte de Editorial Peregrino. Hay pocos libros tan breves (ocupa solo 156 páginas en la traducción española) que hayan tenido un impacto tan profundo en mi propio ministerio.

Una invitación a la reflexión

La mayoría de libros disponibles en español sobre la predicación pretender dar ayudas prácticas al predicador, objetivo loable y necesario. Ejemplos incluyen la obra clásica de Haddon Robinson La Predicación bíblica o el libro más breve de Denis Lane Predica la Palabra. Pero no hay tantos que se fijan como tarea «persuadir – o por lo menos invitar a la reflexión- a quienes experimentan dudas con respecto a la predicación, e intensificar la convicción de aquellos que ya están abonados a la predicación como algo prioritario» (p13). Creo que cualquiera que lea este libro estará de acuerdo que el autor en gran medida consigue cumplir con estos objetivos. No obstante este enfoque, Ash también incluye algunas sugerencias prácticas porque de paso aborda cuestiones tales como ¿Cuál es la diferencia entre la predicación y la enseñanza? O ¿qué es lo que hizo que la predicación de Moisés fuera tan impactante?

Contenido

El contenido del libro consta principalmente de tres exposiciones de pasajes de Deuteronomio dadas por el autor en la conferencia anual de predicadores en Londres llamada la Evangelical Ministry Assembly. Los tres capítulos tienen por título:

La autoridad de la Palabra predicada (Deut 18:9-22);

Una predicación transformadora de la Iglesia (Deut 30:11-20);

Una predicación que repara un mundo en ruinas (Deut 4:5-14);

Cuestiones muy actuales

Estos mensajes son ejemplo magistral de cómo se deben destilar verdades doctrinales, encajándolas en el desarrollo completo de la revelación progresiva y dándoles aplicaciones contemporáneas.

En estas breves páginas Ash logra abordar un abanico de cuestiones muy actuales (y a veces polémicas). Por ejemplo escribe: «La autoridad de Dios no se ejerce a través de la Palabra escrita sino por medio de la Palabra escrita predicada» una frase llamativa que requiere (y recibe) un estudio meticuloso. Otro ejemplo sería como señala que como entre los siglos VII y XII la iglesia pensó que la predicación no podía llegar a gente común y corriente. Por ello se optó por métodos como el ritual, las estatuas, las vidrieras y pinturas. Ash cita a otro escritor Peter Adam para describir el resultado: «Generó un tipo de personas que conocían las historias del evangelio, pero no el evangelio en sí; personas que sabían lo que había sucedido pero desconocían su significado». Las abundantes citas de otras fuentes que logra introducir en poca extensión es otro aliciente más a su lectura.

La predicación y otros ministerios

Una y otra vez encontré que el autor me hacía reflexionar. Por ejemplo, en cuanto a la relación de la predicación con otros ministerios de la palabra encontramos párrafos como la siguiente: «En algunas iglesias hemos llegado al punto de presuponer que la lectura personal de la Biblia … [es] la modalidad normativa para que los cristianos escuchen la Palabra de Dios. Así es – decimos – como se manifiesta la vida cristiana saludable. Sin embargo al definir la vida cristiana de esta forma, puede que hayamos repudiado inadvertidamente a los analfabetos, a los analfabetos funcionales y a los que sienten menos confianza a la hora de estudiar un texto» (p32). Ash argumenta que el ministerio de la predicación tiene una capacidad especial para trascender todas las culturas, tanto aquellas que conceden importancia a la lectura como aquellas que no. Si tiene razón, esta conclusión tiene importantes (y esperanzadoras) implicaciones para una generación postmoderna al que no le entusiasma demasiado la lectura.

Las bondades del libro

No puedo recalcar lo suficiente lo estimulante que resultó para mí este pequeño libro. No a todos en el mundo evangélico les convencerán todos los argumentos de Ash pero he aquí siete bondades de este libro:

1. Viene a llenar un vacío en nuestra literatura en español sobre la teología de la predicación;

2. Su contenido consiste principalmente de exposiciones Bíblicas que a su vez son excelentes modelos de predicación;

3. Demuestra una teología bíblica cuidadosa, evitando posturas radicales o desequilibradas;

4. El autor escribe con humildad, identificándose con lo que él llama pastores corrientes que predican con regularidad a oyentes corrientes en lugares corrientes;

5. Es estimulante y alentador;

6. La traducción, como es de esperar de Editorial Peregrino, es buena;

7. Es un libro breve y ya sabemos lo que se dice: «lo bueno, si breve…»

Andrés Reid

Coordinador,
Taller de Predicación

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