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Páginas blancas de la Biblia

Páginas blancas de la Biblia

Páginas blancas de la Biblia

¿Te gustan las páginas blancas de la Biblia? Sí, las blancas. Coge una Biblia que no tenga el canto dorado ni colorado, y verás lo que quiero decir. El canto de las páginas del Nuevo Testamento están bien marcados por el uso, también los Salmos, y un poco menos los libros históricos. Luego tienes las páginas blancas, normalmente de los profetas y en especial los menores, donde no pasan los dedos buscando referencias, ni versículos. Páginas sin mancha, intactas. Tal vez porque son libros difíciles de entender, decimos que no nos dicen nada.

Las joyas perdidas

¡Qué lástima! ¡Qué joyas perdemos por pensar así! Porque las hay grandes y en abundancia. Toda la Palabra es inspirada por Dios, y por lo tanto, útil. Claro, las joyas no están siempre en la superficie, a la vista. Hay que trabajar un poco, remangarse y coger pico y pala. Sabemos que las mejores joyas se encuentran en las minas más profundas.

El trabajo vale la pena

Y el trabajo vale la pena, a pesar de lo duro que parezca y sea. Por ejemplo, ¿qué hacemos con las nueve visiones de Zacarías? ¿Cómo hay que entender los cuernos y carpinteros que encontramos al final del capítulo 1?

Poder contra el Pueblo de Dios

El cuerno es símbolo del poder. Cotejando con otros pasajes bíblicos, Amos 6:13 usa la palabra «poder» cuando el hebreo usa la misma palabra «cuerno» que encontramos en Zacarías, mientras la versión LBLA sustituye la palabra «cuerno» por «poder» (RV60) en Jeremías 48:25. Como bien nos explica el profeta Zacarías, los cuernos son los que se levantan con poder contra el Pueblo de Dios para derribarlo, para zarandearlo, que es algo del significado. Y si pensamos en la escena de una corrida de toros, con cuernos y astillas o la de una era donde, antes de aventar todo ha sido ya trillado y aplastado, vemos algo del sufrimiento del Pueblo de Dios.

Enemigos dentro y fuera

Siempre habrá quien se levante contra el pueblo de Dios, y lo sabemos, sea por la experiencia o por los libros de historia. Pueden ser los de fuera, como el enemigo principal, Satanás que se opone a todo lo que el Señor hace y tiene, o sus siervos diabólicos siempre buscando hacernos la zancadilla, hacernos daño y derribarnos. O pueden ser los de dentro. Si entre los Doce hubo uno que era un diablo, un traidor, tanto más entre nosotros. Los que tienen aspecto de ser hijos de Dios pero desde dentro, mediante las palabras, acciones o actitudes, buscan sembrar la cizaña en la viña del Señor.

Los carpinteros

Menos mal que Zacarías también nos habla de los carpinteros. Cuatro carpinteros o artesanos. Hombres que trabajan con las manos, que son enviados por Dios, para derribar a los que buscan destruir a su pueblo. Hasta pueden ser carpinteros de fuera del pueblo, usados por Dios para socorrer. Solo hay que recordar el contexto de Zacarías, el pueblo recién devuelto a su tierra, después del cautiverio en Babilonia, y ver el papel de Ciro, el rey pagano.

Dios levanta artesanos

¿Qué diremos de los santos carpinteros, en momentos cruciales de la historia de la iglesia? La historia está llena de ejemplos que Dios ha levantado en un momento dado para el bien de su pueblo y de la sociedad: Calvino, Whitefield, Spurgeon o Lloyd-Jones, son solo algunos de los que nos vienen a la cabeza rápidamente. Dios siempre manda sus artesanos, sus carpinteros. Incluso en una iglesia local o en la vida de un hijo de Dios. ¡Cuántas veces ha usado Dios las palabras de un inconverso, las oraciones de un hermano en la fe o la enseñanza de un pastor fiel para socorrer a alguien que sufre los dardos del maligno!

Cada problema tiene su solución

No perdamos uno de los detalles preciosos de este pasaje que más alienta. Hay cuatro cuernos y cuatro carpinteros. Un carpintero por cuerno. Por cada problema una solución. Así es nuestro Señor. Como dice el apóstol Pablo: «Bástate mi gracia», o como yo lo aprendí en mi escuela dominical en inglés: «Mi gracia es suficiente para ti».

El socorro del Señor

Lo vemos mejor en el socorro que envía el Señor para derribar a nuestros grandes enemigos: Satanás; el pecado; la muerte; la condenación; el castigo justo de Dios. ¿Qué hizo Dios? Envió un carpintero, el Carpintero de Nazaret, que murió en la cruz y resucitó para herir en la cabeza a la Serpiente. Dios en su gracia acepta el sacrificio de su hijo, la obra de sus manos taladradas, y así somos salvos para siempre. Y esta gracia es totalmente suficiente para mí. «¡Aleluya, gloria a Cristo!»

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Mateo Hill   administracion@editorialperegrino.com

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