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Mi Dios es tan grande…

Mi Dios es tan grande...

Mi Dios es tan grande…

Imagina un mundo materialista, donde todo es exteriorizado, donde si tienes algo, hay que mostrarlo a todo el mundo. Un mundo donde la gente es terca, testaruda, donde la gente no reconoce sus errores, no cede ni una pizca, y mucho más al ir subiendo en la escala de poder. Un mundo centrado en sí mismo, egoísta hasta la médula, donde cada uno rinde culto al gran «yo soy» que lleva dentro. Un mundo superficial en el que todo se juzga por lo que se ve; y a la vez un lugar sensual donde reinan nuestros sentidos. Una sociedad acostumbrada a la inmoralidad, los asesinatos, el racismo, la violencia y el genocidio.

Un guión de Hollywood

No hace falta mucha imaginación, ¿verdad?, porque parece una descripción calcada del mundo que nos ha tocado. Pero a la vez es una imagen que retrata a la perfección la sociedad babilónica, unos quinientos años antes de Cristo, en la que vivían Ester y Mardoqueo. Si saliera hoy de los estudios de Hollywood una película basada en el libro de Ester, las primeras escenas correspondientes a los dos capítulos iniciales del libro no serían aptas para todos los públicos, ni para los niños, ni para la abuela. Un rey borracho que después de meses de derroches y «botellón» llama a su reina a bailar, probablemente desnuda, delante de todos lo comensales. Al rehusar, la reina es destituida (¡ni tenía opción a abdicar!) y para encontrar una nueva reina, Asuero adopta la opción más práctica: se acuesta con tantas vírgenes que se presentan y la que más le agrada se convierte en la nueva reina.

La providencia de Dios

¡Qué interesante, que es en este contexto tan desesperante y a la vez tan como el nuestro, que encontremos posiblemente la ilustración más práctica, completa y sorprendente de la providencia de Dios. La acción soberana de Dios en este mundo para hacer cumplir siempre y de forma perfecta su voluntad. El Señor que obra para que «a los que aman a Dios, todas las cosas ayuden a bien». Un Dios que es capaz de obrar en los tiempos de Ester es capaz de obrar en nuestros tiempos también.

Los dados de Amán

Entonces, ¿qué podemos aprender de la providencia de Dios en la historia de Ester? Primero, que Dios obra en un mundo que no le reconoce, como se puede ver en los primeros dos capítulos. Hemos comentado ya algo de la situación, pero al final hay dos providencias que quedan patentes: Ester es la reina, y el nombre de Mardoqueo ha entrado en el libro de las crónicas del Rey. En segundo lugar, la providencia de Dios es tal que muchas veces parece que Dios no hace nada; aún así está obrando. En los capítulos tres y cuatro Amán decide vengarse de Mardoqueo en todo el pueblo judío y consigue un edicto real para permitir el exterminio total del pueblo de Dios y con ello el fin de las promesas mesiánicas. ¿Por qué no hace algo Dios para prevenir esto, para parar los planes de Amán?, ¿por qué no hace Dios algo? ¡Pero sí que hace algo! Cuando el supersticioso Amán echa los dados para saber el momento más propicio para la matanza, los dados caen en la fecha más lejana posible, ¡a los doce meses! Si el corazón del rey está en las manos del Señor, ¡también los dados de Amán! Y en tercer lugar, cuando vemos a Dios obrar como en los capítulos del 5 al 10, Él obra de una forma tan completa y tan coordinada que casi dan ganas de reír: por ejemplo Amán obligado a honrar a Mardoqueo públicamente en el capítulo seis.

Siendo prácticos

Pero siendo prácticos, ¿qué significa esto para nosotros? ¿Qué resultados, qué fruto da esta doctrina en nuestra vida? Lo vemos muy claramente en la vida de Mardoqueo, y en especial en sus palabras a Ester en 4:14: «Porque si callas absolutamente en este tiempo, respiro y liberación vendrá de alguna otra parte… ¿Y quién sabe si para esa hora has llegado al reino?»

Creyendo firmemente en Dios

Frente a las dificultades no desmaya la fe de Mardoqueo, sino que aumenta. Todo parece negro. Imposible. Pero Mardoqueo cree firmemente que Dios va a hacer algo para salvar a su Pueblo. Mardoqueo no anda por la vista sino por la fe. Es en los momentos más oscuros cuando se necesita más la antorcha de la soberanía de Dios para alumbrar el camino.

Seguir trabajando

Otra cosa que vemos es que para Mardoqueo la providencia de Dios no invalida el trabajo de los creyentes. Es un error muy común pensar que si Dios es el Todopoderoso, entonces nuestro papel es él de protestantes pasivos, esperando ver lo que Dios va a hacer. Sin embargo, Mardoqueo entiende que Ester tiene un papel muy importante que jugar en la salvación de su pueblo –¿Y quien sabe si para esta hora has llegado al reino?–. Si creemos que Dios puede obrar, tenemos que estar dispuestos a que Dios obre a través de nosotros, que seamos instrumentos en sus manos para hacer su voluntad.

La oración

Por último, vemos la importancia de la oración. En 4:1, Mardoqueo clama, y en el versículo 3 el pueblo judío levanta su voz. En el 16 Ester busca que el pueblo ayune por ella, y se compromete a hacer lo mismo. Es decir, creer en la providencia de Dios, en un Dios soberano, no nos exime de la responsabilidad de orar, de clamar a Dios o de ayunar. El mismo Dios que es capaz de todo, también nos ha escrito, «Clama a mí y yo te responderé».

El dedo de Dios

Siempre se ha comentado del libro de Ester que no aparece el nombre de Dios, cosa que es cierta. Pero también es cierto lo que dice Matthew Henry: «Si bien aquí no se menciona el nombre de Dios, es cierto que en cada página se ve el dedo de Dios». ¡Gracias a Dios porque su dedo sigue trazando sus líneas soberanas en nuestras vidas!

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Mateo Hill   director@editorialperegrino.com

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