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Vade retro

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Antiguamente los neologismos españoles solían salir de las selectas plumas (no había ordenadores) de escritores de reconocido prestigio. Solían proceder en muchos casos de lenguas muertas, como el griego o el latín, que de este manera adquirían nueva vida. Hoy en día, cualquier comerciante, publicista, periodista o bloguero puede acuñar cualquier término o acepción (¿quién inventó lo de las catástrofes «humanitarias»?), y por obra y (des)gracia de los medios masivos de comunicación, puede conseguir que millones de borregos idiomáticos lo repitan ad náuseam hasta conseguir su entrada triunfal en el Diccionario de la RAE. ¡Cuántas regañinas sufrí de niño por usar el verbo «descambiar» para que ahora aparezca como una palabra de «curso legal»! 

Ya he apuntado en otras ocasiones en esta sección el hecho de que muchos de estos neologismos proceden del omnipresente idioma de Shakespeare, ya sea mediante traducción forzada, adaptación o, simplemente, en estado puro, como es el caso de la «newsletter», el «tablet» y el «look». 

Uno de los neologismos que algunos encontramos más irritantes es el de la «retroalimentación», traducción hiperliteral del inglés feedback. Parece ser que algunos de estos inventores de palabras ignoran que los idiomas tienen la peculiaridad de incluir palabras que, traducidas literalmente a otros idiomas, suenan raras o esperpénticas. ¿Cuántos no se quedarían «a cuadros» al saber que Easy Jet significa Chorro Fácil o que Facebook significa Caralibro o Libro de Cara? ¿Tendría éxito en España una compañía aérea que se llamara Chorro Fácil? ¿No sería el hazmerreír de todos los improbables usuarios?

Pues volviendo a la retroalimentación, parece que va teniendo una creciente aceptación, y ya podemos encontrar su definición en internet: «Conjunto de reacciones o respuestas que manifiesta un receptor respecto a la actuación del emisor, lo que es tenido en cuenta por este para cambiar o modificar su mensaje». Y viene este ejemplo: «Por el feed-back de los oyentes, el orador se dio cuenta de que se aburrían e intentó ser más ameno». 

De entrada, la expresión resulta malsonante y contradictoria, pues literalmente debería entenderse como «alimentar por detrás», cuando las personas normalmente nos alimentamos por delante. (Estos traductores improvisados parecen ignorar que el inglés back significa tanto detrás como de vuelta). Pero además resulta totalmente innecesaria, pudiendo utilizarse en su lugar palabras tan claras y sencillas como reacción o respuesta. Volviendo al ejemplo tomado de internet, sería bastante inteligible decir: «Por la reacción [o las reacciones]de los oyentes, el orador se dio cuenta de que se aburrían e intentó ser más ameno». 

¿Y qué diremos de nuestro campo evangélico? ¿Qué ocurrirá si los pastores y predicadores se «retroalimentan» de las opiniones, los gustos y las veleidades de sus oyentes? ¿No deberían alimentarse de la Palabra y de su comunión con el Señor? Quizá este asunto de la retroalimentación explique por qué algunos líderes evangélicos estén tan espiritualmente anémicos y asténicos y, por tanto, incapaces de alimentar adecuadamente a las ovejas.

Gritemos, pues, a la retroalimentación: ¡Vade retro!, y que se vaya a freír espárragos al lugar de donde nunca debió salir.

  Firma DC transparente

Demetrio Cánovas   director@editorialperegrino.com

Este artículo pertenece a la serie “La Palabra y las palabras

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