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Hojas de higuera

Hojas de higuera

Hojas de higuera

Hace pocos días publicó Protestante Digital un articulo sobre Vicky Beeching, la «líder de alabanza musical británica» que había anunciado su «orientación homosexual». Tras 22 años de lucha interna esta mujer ha decidido no pelear más, sino aceptar que la atracción que siente hacia las mujeres es algo que ahora no va a resistir. Graduada en teología de la universidad de Cambridge y reconocida comentarista de temas religiosos en los medios de comunicación británicos, la Señorita Beeching declaró lo siguiente al prestigioso periódico británico, The Independent: «Lo que Jesús enseñó era un mensaje radical de bienvenida, de inclusión y de amor. Estoy segura de que Dios me ama tal y como soy, y tengo un gran sentimiento de haber sido llamada a comunicar eso a los jóvenes. Cuando pienso en mí con trece años, sollozando encima de la moqueta, solo quiero ayudar a quien esté en la misma situación para que no pase por lo que yo pasé, para mostrar que puedes ser tú mismo, una persona de integridad».

Pensamientos generales

No quiero entrar en el caso específico, ya que no conozco todos los detalles. Además no quiero caer en la tentación de juzgar a Vicky Beeching; lo que más necesita ahora mismo es oración y ayuda. Sin embargo, al leer la noticia me vinieron a la mente varios pensamientos de corte más general.

Engañoso es el corazón

Vicky Beeching no es el primer creyente que se declara homosexual. Recuerdo hace varios años que un conocido pastor británico renunció a su iglesia y dejó a su mujer para vivir con su amante masculino. En aquel entonces, que no era hace mucho tiempo, dicha noticia causó un gran revuelo en el mundo evangélico. Pero hoy día parece ser que hay un brazo de la iglesia, la de España, que se llama evangélica y Protestante, que no se escandaliza tanto con la homosexualidad, no lo ve como pecado, como algo de que huir, sino como algo a ser celebrado incluso con cultos de alabanza a Dios. ¡Cómo han cambiado las cosas en tan poco tiempo! Una cosa que desde el principio del tiempo ha sido considerada como pecado por el Pueblo de Dios, ha dejado de serlo. Para algunos es muestra de que la iglesia está madurando y modernizándose; en cambio para muchos todavía es simplemente una muestra de una iglesia, de cristianos, que van dejando a un lado la Biblia para guiarse por sus sentimientos. El único resultado de esto es lo que vemos y lo que vio Isaías: ¡Ay de los que a lo malo dicen bueno, y a lo bueno malo; que hacen de la luz tinieblas, y de las tinieblas luz! (Is. 5:20). Es que en el pecado no hay integridad.

Dios nos salva del pecado

Una de las frases que más se escucha conversando con «cristianos» con tendencias homosexuales, a la hora de justificar su forma de vida, es esta: “Dios me quiere tal y como soy”. Es una declaración tan común como equivocada. Incluso lo escuchamos para justificar cualquier aberración o pecado que un creyente comete. Es una declaración de las más peligrosas porque contiene a la vez tanta verdad como mentira. Es verdad que Dios, por su gracia y misericordia, nos quiere a pesar de nuestros pecados y fallos. Dios no deja de amarnos cuando pecamos, igual como un padre no deja de amar a su hijo desobediente. Hasta ahí bien, la media verdad. Pero a la vez vemos la media mentira. Dios me ama a pesar de mi pecado pero no me ama para que siga pecando. Cuando Dios decidió fijar su amor en su pueblo, en mí, antes de la fundación del mundo, no era para dejarnos envueltos en nuestro pecado sino para salvarnos de ello, para darnos un nuevo corazón, y para que viviéramos en santidad, apartados del pecado. ¿Cuántas veces nos escudamos con el «Así soy y Dios me ama», pero es un escudo de hojas de higuera; si una cosa está mal el simple hecho de que Dios me ama no lo convierte en algo bueno.

Tentación no es pecado

Otra cosa que se me ocurrió era la diferencia abismal entre tentación y pecado. Según las declaraciones de la cantante, ella siente atracción, pero no ha tenido ningún tipo de relación. Dejando al lado su aceptación de la homosexualidad como una opción válida, la atracción no es pecado. La atracción es una tentación, pero la tentación no es pecado. Satanás nos tienta de mil maneras, pero no por eso hemos pecado. Nuestro Señor Jesucristo, perfecto, santo e impecable, «fue tentado en todo según nuestra semejanza, pero sin pecado.»  Si un hermano confiesa su atracción a personas del mismo sexo, no confiesa un pecado sino una tentación, igual que alguien que se siente tentado por las drogas, los juegos de azar o por coger cosas que no son suyas. Conozco a varias personas que han sentido fuertes tentaciones en cuanto a su sexualidad, pero han resistido, no han caído en el pecado.

¿Mayores y menores?

Por último, tenemos que tener cuidado con graduar los pecados. Entiendo que se puede argumentar que hay ciertos pecados que pueden tener más impacto en la vida y testimonio de una persona pública. Pero por otro lado, el pecado es pecado. Una persona es descubierta en una infidelidad matrimonial y estamos escandalizados, pero otra confiesa que tiene problema con el orgullo o juzgar a sus hermanos y lo tomamos como algo normal, incluso pensamos que está siendo demasiado sensible, que no pasa nada, que todos cojeamos de algún pie. ¿No es verdad que tendemos a tachar de imperdonables los pecados que creemos no haber cometido o que somos incapaces de cometer?

Hace 2000 años hubo uno que oraba, «Dios, te doy gracias porque no soy… como este». Me da la impresión que sigo repitiendo la misma oración, en vez de reconocer mi propio pecado y orar: «Dios, te doy gracias que este no es como yo

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Mateo Hill   administracion@editorialperegrino.com

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