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El cargo y la carga

El cargo y la carga

El cargo y la carga

En una iglesia en La Mancha, de cuyo nombre no quiero acordarme, ordenaron a un pastor. Se decidió que un predicador daría un mensaje a la iglesia y que otro lo daría al nuevo pastor. Sorprendentemente, estos puntos del programa se redactaron como “Carga a la iglesia” y “Carga al pastor”. Seguramente, muchos en aquella ocasión ignoraban que se estaba produciendo lo que los lingüistas llaman un “calco” del inglés. Efectivamente, nuestros hermanos en el Reino Unido suelen llamar a estos mensajes “Charge to the church” y “Charge to the pastor“. ¿Y qué más “lógico” que traducir “charge” por “carga”? Pero, desgraciadamente, el lenguaje y los idiomas no se rigen a veces por esa lógica que normalmente aplicamos a otros ámbitos del saber y la cultura. Y así, el verdadero significado de “charge” —entre otros— es instrucción, mandato, obligación, encargo, etc.

“Carga al pastor”

En la referida ocasión, el predicador encargado de dar la “carga al pastor” —un hermano con mucho sentido del humor y que ya está con el Señor— aprovechó la jocosa situación para hacer un juego de palabras. Y así afirmó —no sin falta de razón— que él no quería añadir ninguna carga al nuevo pastor: ¡que ya bastantes cargas tienen los pastores de por sí!

Un cargo sin carga es un contrasentido

Esto me recuerda las declaraciones de cierto arzobispo al tiempo de su instalación: “Yo no tengo un cargo; tengo una carga”. Y pienso que esta afirmación da la justa medida a la utilización de esta expresión. En el ministerio cristiano, no se trata tanto de las cargas que otros nos quieran dar sino de la carga que debemos sentir. Por desgracia, hay quienes aspiran a cargos eclesiásticos sin sentir una verdadera carga: por el Señor, por la iglesia, por las almas… Y esto nos muestra que una proximidad morfológica no implica (sino más bien lo contrario en este caso) una similitud semántica. Un cargo sin carga es un contrasentido. Como lo expresó Matthew Henry en una de sus típicas aliteraciones: “La dignidad demanda el deber”. Algo muy distinto, aunque relacionado, es la actitud que tienen algunos de echar cargas innecesarias sobre esos sufridos siervos de Dios que bastante carga tienen con la que se han echado encima ellos mismos. Los tales  deberían tener presente la aseveración paulina: “Porque cada uno llevará su propia carga” (Gálatas 6:5).

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Demetrio Cánovas   director@editorialperegrino.com

Este artículo pertenece a la serie “La Palabra y las palabras

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