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Día del Señor

Día del Señor

Día del Señor

¡Qué domingo más raro! Con mi hijo menor todavía en el hospital, menos iglesia y un Día del Señor menos «dominical» de lo normal. Pude ir al culto de la mañana porque mi esposa se quedó con el chico. Por la tarde, lo hicimos al revés así que al hospital como en un día normal. Tuvimos visita de unos amigos de nuestro antiguo pueblo, tres parejas inconversas, así que la conversación no giraba en torno a las cosas del Señor. Vamos, volví a mi casa a las 11,30 con el sentimiento de haber perdido un domingo.

Desde Inglaterra

Esta mañana en la oficina, llega una revista de Inglaterra que entre muchos artículos tiene una anécdota que contó Charles Spurgeon, titulado «Los domingos se ve mejor». Un amigo de Spurgeon se mudaba al norte de Inglaterra, a la ciudad industrial de Newcastleupon-Tyne. Mirando una casa de alquiler, el dueño de la casa le comentó la vista desde la planta de arriba: «Un domingo hasta puedes ver la catedral de Durham», siendo Durham una ciudad a unos 35 km. de Newcastle. Cuando el amigo de Spurgeon oyó este comentario, preguntó por qué se ve mejor el domingo, qué tenía de especial un día más que otro. «Bueno –contestó el dueño– es que los domingos se cierran todas la fábricas y se apagan todos los hornos, y no hay humo que suba a la atmósfera para enturbiar todo».

Euan Murray

En el mismo envío de correos recibí un CD que contiene el testimonio de un jugador de rugby profesional que se niega a jugar para su selección, Escocia, en el Día del Señor. Euan Murray, el hombre en cuestión, sigue el mismo camino que escogió Eric Liddell cuya historia se recoge en la película «Carros de Fuego». Los dos deportistas eligieron no usar su Domingo para practicar su deporte.

La Ley de Dios

¿Como usamos el día a la semana que Dios nos ha dado? es la pregunta que me hago. Ahora bien, sé que hay dos grandes peligros en este tema; o el legalismo o el antinomismo. Es muy fácil caer en extremos, o ser más rígidos que la Biblia con un sinfín de prohibiciones, o simplemente hacer lo que nos apetezca sin ninguna idea de pasarlo por el filtro de la Palabra de Dios. Aunque dicho esto de los dos peligros, creo que lo más normal, lo más fácil para nosotros es caer en la tentación del liberalismo, de permitirnos demasiada libertad, de dejar a un lado todo lo que la Ley de Dios podría decir sobre el tema y su aplicación a nuestras vidas.

¿La hora del Señor?

Sé que vengo de una cultura diferente e intento tenerlo en cuenta, en especial cuando pienso en algo como el uso, y abuso, del Domingo. A la vez, no pretendo decir con esto, que esté satisfecho al cien por cien con mi forma de celebrar el Día del Señor. Sin embargo, parece ser que para la gran mayoría de nosotros el primer día de la semana, Domingo, termina siendo más bien como cualquier otro día. Como mucho, hay una hora que vamos a la iglesia, y luego lo que queda del día es para mí, para hacer lo que quiera.

El Domingo no es mío

No quiero ser legalista ni crítico, por lo menos con los demás. Pero sí conmigo mismo. Porque sé realmente que el Domingo no es para mí: es el Día del Señor. No es para mi familia: es Día del Señor. No es para mis amigos, o mis hobbys, o mis lo-que-seas: es Día del Señor. Puede ser que en este día haga algo de lo mencionado arriba, pero esto no es el fin principal del día. Dios me ha dado el día para estar con Él. Mi obligación como su hijo es pasar el tiempo con Él. Todo lo que hago de más en Su día es un lujo que igual debo considerar si me lo permito o no.

Volver a examinarnos

Quizás a veces me parezco más a mis vecinos católicos que cumplen rigurosamente con su asistencia a la iglesia y luego hacen lo que bien les apetece. En este sentido no guardo el Día del Señor sino la Hora del Señor.

Bueno, todo esto por pasar el día de ayer en el hospital. No quiero que nadie se moleste, no quiero dar una lista de prohibiciones y otra de obligaciones. Pero a la vez como seres humanos que somos, es necesario que a veces volvamos a examinar nuestras acciones para asegurarnos que vamos en buen camino. Al final, rectificar es de sabios, ¿verdad?

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Mateo Hill   director@editorialperegrino.com

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