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¡Dejad en paz nuestro idioma!

¡Dejad en paz nuestro idioma!

¡Dejad en paz nuestro idioma!

Muchos hispanohablantes estamos……bastante hartos de los crecientes intentos de “anglizar” nuestro idioma. Parece ser que el fracaso en introducir eficazmente el inglés en las aulas se quiera compensar metiéndolo en el idioma español a macha martillo. Nos produce una profunda irritación que continuamente nos estén bombardeando en los medios impresos (y también hablados) con el “outlet”, el “look”, los “play off”, el “basket”, el “feeling”, la “Champions League”, la “Europa League” (¿por qué no la llaman la “Europe League”, y así tener un poco de coherencia?) el “call center”, el “share”, los “ratios”, la “newsletter”, el “coaching”, la “customización” y tantas otras barbaridades (barbarismos, por decirlo suavemente) que innecesariamente se mezclan con nuestro idioma con la consiguiente cacofonía que tan irrisoria resulta a los legítimos hablantes del idioma así apropiado.

No hay pureza
Como ya he indicado en otros artículos de esta serie, no se trata de una oposición sistemática a todo “préstamo” de idiomas extranjeros, pues no existe, que yo sepa, ningún idioma “puro” en ese sentido. Como es bien sabido, nuestro idioma está plagado de vocablos de origen latino, griego y árabe, así como procedentes de distintos idiomas modernos. Pero, si nos fijamos bien, la inmensa mayoría de dichos vocablos no han sido admitidos en “estado puro”, sino que han sido convenientemente españolizados (españolizar significa, entre otras cosas, “dar forma española a un vocablo o expresión de otro idioma“), de tal manera que no “desentonan” en nuestro vocabulario. Pero esos otros a los que nos referimos han sido “adoptados” (como si de hijastros se tratara) con grafías y pronunciaciones totalmente ajenas a la lengua española. Nuestros contemporáneos parecen tener menos imaginación que aquellos que, por ejemplo, convirtieron el “football” inglés en el “fútbol” español, por aquello de que nos les gustaba el hispánico “balompié”. A mi juicio (si es que vale de algo) estaría justificado incorporar a nuestro idioma palabras extranjera cuando no existiera un equivalente válido. Si, por ejemplo, podemos hablar de un “avión a chorro”, ¿por qué hablar de un “jet”? Si entendemos bien la expresión “a todo gas”, ¿por qué hablar de “full throttle”? La respuesta la tenemos en un anglicismo bien españolizado: esnobismo.

“Spanglish”
Esta situación es ya mala de por sí en el mundo secular, ¿pero qué ocurriría si se extrapolara al mundo cristiano? ¿Qué pensaríamos si un buen (o mal) día empezáramos a oír hablar a los creyentes de la “Bible”, el “preacher”, el “service”, la “church”, el “quiet time”, etc., etc.? La posibilidad no parece descabellada, pues ahora mismo, sin ir más lejos, nuestros hermanos hispanos en EE.UU. practican habitualmente un “Spanglish” muy desarrollado que incorpora al español de siempre toda clase de términos tomamos del inglés norteamericano hasta convertirlo en un idioma que a este lado del Atlántico nos cuesta a veces entender. Y ya sabemos por experiencia que casi todo lo que surge en América acaba llegando a Europa en el transcurso del tiempo…

Asi que, visto lo visto, se recomienda a todos los españolitos que hagan al menos un curso acelerado de inglés, porque más pronto que tarde no van a entender ni su propio idioma. Y si no, al tiempo.

Demetrio Cánovas
Este artículo pertenece a la serie “La Palabra y las palabras
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