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Biblia a la carta

Biblia a la carta

¡A mí me encantan los libros! Leerlos, manejarlos, olerlos. Ese aroma especial que impregna una tienda de libros de segunda mano, no hay nada igual. ¡Quizá Peregrino deba investigar la idea de un ambientador con fragancia de libros usados!

¡Claro que me interesan los libros!

Grato el día cuando alguien me ofrece libros. Sí, gratis y sin pagar. Así me pasó el otro día. «Estoy de mudanzas y no puedo llevarme todos mis libros –me dice la voz al otro lado del teléfono– por si quieres pasarte por casa y llevarte los que quieras». ¿Por si quieres? ¿Y el Papa es católico?, como decimos en inglés. ¡Claro que sí me interesa, y mucho!

Entro en la casa lleno de expectación. Conozco la biblioteca, ya he estado allí muchas veces. Hay libros muy interesantes. Seguramente hay alguna joya por descubrir. Pero, por ahora, es cuestión de meterlo todo en cajas para después, en casa, examinar mi botín.

¡Una Biblia de hojas sueltas!

¡Y allí la encuentro! Sin haber visto una antes, siempre había supuesto que existiría, por lo menos de forma hipotética. ¡Sí, una Biblia de hojas sueltas en un archivador de anillas! O, como dice la primera página, «Edición de hojas sustituibles».

¡Wow! Siempre que predico sobre el tema de la inspiración de la Palabra de Dios, cuento la historia de la ancianita en una iglesia donde llega un pastor liberal. Un día, en una visita pastoral, el clérigo comenta que ha olvidado su Biblia y pregunta si la señora le podría prestar la suya para poder leer un pasaje juntos. La ancianita se levanta y al rato vuelve con lo que había sido una Biblia hace mucho tiempo, pero que ahora consta de las pastas y unas hojas sueltas. «¿Qué ha pasado con su Biblia?» dice el pastor. «Pues, mire, usted tiene la culpa», dice la anciana. «Cuando usted predica, cada vez que dice que no ocurrió ese milagro o no se cumplió tal profecía o que Dios seguramente no quiso decir lo que pone el texto, pues arranco la hoja que le ofende de mi Biblia. Y así me ha quedado».

A esta señora le habría venido bien una Biblia como la que encontré yo. Como a muchos. A cualquier liberal que duda de cualquier rastro sobrenatural en las Escrituras le parecería estar en el cielo, si todavía cree en él, al poder arrancar fácilmente los pasajes que no le convencen, y sustituir otros con lo que «debería haber dicho Dios».

¿Quitaríamos alguna hoja de la Biblia?

¿Y a nosotros qué? Algunos quitarían Génesis del 1 al 11, porque lo tienen como leyenda. Para otros, serían los pasajes que declaran pecado las actividades que no quieren dejar. Pecados abiertos y a la vista como la mentira, la falta de asistencia a la iglesia, relaciones ilícitas o engañar a hacienda. Como también mis transgresiones del corazón, que solo Dios y yo vemos: el odio, la codicia, la pereza o el desprecio.

Vale, entiendo que la Biblia que encontré tendría su razón de ser. Sería muy útil para un pastor o estudiante que quiera apuntar sus notas de estudio. Pero también que es cierto que a más que uno le entraría la tentación de perder alguna hoja o sustituirla por otra. Incluso, añadir hojas completamente nuevas. Pero eso sería para otro blog…

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Mateo Hill   administracion@editorialperegrino.com

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