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Ashley Madison

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Para millones, las palabras «Ashley Madison» producían sentimientos de pasión, la excitación de buscar placer en lo prohibido. Tras la noticia del hacking efectuado, miles también sentían la tensión de ver si se iba a descubrir su secreto sórdido. Para los que han sido desenmascarados como adúlteros, es la vergüenza o por lo menos la rabia de haber sido pillados.

Los cristianos también tenemos un abanico de sentimientos en cuanto al tema. Está el escándalo de que pueda existir tal o tales servicios en Internet. La sorpresa de que sean servicios tan populares. La lástima de que se haya normalizado el pecado tanto. Y debe haber también el amor por los pecadores, junto con la oración de que Dios tenga piedad de ellos.

Denunciar y condenar

El 22 de julio, un conocido líder cristiano norteamericano escribió en su blog para denunciar la existencia de Ashley Madison y condenar a los que usaban sus servicios. Nadie, solo él, sabía que él mismo era uno de los implicados, cosa que reconoció públicamente el último día de agosto. Siendo viudo, entró en el sitio y se registró. En seguida se arrepintió, salió de la página y no usó los servicios ofrecidos. Como consecuencia de su confesión, ha sido relevado de sus responsabilidades ministeriales durante un año.

Pregunto: ¿Qué ha hecho mal el hombre? Por supuesto, está la hipocresía de escribir su primer blog de condenación. También la mentira implícita de declarar no haber oído de Ashley Madison mucho antes del la aparición de los hackers. Pero, a mi entender, ha sido juzgado y castigado por usar el sitio web.

Distinción bíblica entre la tentación y el pecado

Ahora bien, no quiero minimizar el pecado de este hombre, cuando la Palabra dice que hay que exigirles más a los que están en el ministerio. Pero me parece que tenemos que mantener la distinción entre ser tentado y cometer el pecado.

¿Cuántos de nosotros podemos decir que no hemos sido tentados? ¿Que no hemos mirado durante algunos segundos aquel calendario en la pared del taller? ¿Que no hemos pensado jamás «¿cómo sería si…?»? Es que la tentación viene de muchas formas, constantemente está a la puerta. Pero no es pecado ser tentado: Cristo lo fue. El pecado ocurre cuando cedemos ante la tentación. Es pecado cuando no resistimos la tentación. Es pecado cometer aquellos hechos que están prohibidos en las Escrituras. Es pecado no hacer lo que Dios manda hacer.

Sí, recuerdo lo que dijo Jesús sobre simplemente mirar con deseo a una mujer, pero creo que esto es otro tema. De lo que hablo ahora es de la distinción bíblica entre la tentación y el pecado.

No se trata aquí de juzgar al hermano estadounidense mencionado arriba –eso está en manos de su iglesia y el ministerio donde trabaja. Además, solo dispongo de los datos que se han hecho públicos, no sé todos los detalles.

Resistir toda tentación

Se trata de mirarme a mí mismo. De mirar las tentaciones que usa Satanás para hacerme caer. De resistir toda tentación con la armadura del Señor, y la ayuda del Espíritu Santo. De no condenar a nadie solo por haber sido tentados. De no juzgar a los que ceden ante la tentación, sino orar por ellos y, cuando esté a mi alcance, tratar de ayudarles.

Guárdame, Señor, de la tentación de pensar que la tentación es pecado.

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Mateo Hill   administracion@editorialperegrino.com

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