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Arca-ología

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El domingo pasado me tocó predicar en una iglesia muy querida. Siendo el primer domingo del año, busqué un texto apropiado para la ocasión. El problema era que una y otra vez me venía a la mente 1 de Samuel 7:12: Ebenezer, hasta aquí nos ayudó el Señor. Intenté resistirlo por que ya es un tópico. ¿Cuántas veces he predicado este texto en fechas similares a través de los años? Pero por mucho que quisiera, no pude escaparme.

A primera vista la hermenéutica del texto es fácil. Podemos decir que trata de dos cosas: reconocer el pasado y resolver para el futuro. Israel ha sido librado en su última batalla contra los filisteos, y Samuel, en reconocimiento de la mano de Dios sobre ellos, levanta una piedra «bautizándola» con el nombre «Ebenezer». Y si el Señor hasta ahora ha sido su ayuda, esto da ánimo para seguir confiando en él de aquí en adelante. Son de verdad palabras de ánimo.

Pero indaguemos un poco más. Esta no es la primera mención de Ebenezer, ya que esta la encontramos en el primer versículo del capítulo 4, veinte años atrás. El pueblo pierde una batalla contra los filisteos al lado de Eben-ezer y Afec, y para garantizar la ayuda de Dios en sucesivas batallas, deciden llevar el Arca del Pacto al campo de batalla. Desde este momento desaparece el profeta Samuel de la historia durante veinte años y vemos que el protagonista de los próximos capítulos, hasta el séptimo, es el Arca. Israel pasa de confiar en Dios a una «teología de estampita y tocar madera» o, como dice un comentarista, la Arca-ología.

Los israelitas tratan al Arca como un amuleto, igual que los filisteos, que la meten en la misma habitación que su dios Dagón. Todos pagan las consecuencias de tratar mal al Arca sagrada, incluso los habitantes de Bet-Semes en Israel cuando los filisteos se hartan de ella y la mandan para casa tras siete meses de penuria. Una cosa que es de utilidad espiritual se usa como algo meramente religioso y en vez de ser de bendición se convierte en causa de maldición. ¿Cuántas veces hacemos lo mismo con las cosas del Señor?

Veinte años después vemos a Samuel pronunciando «Ebenezer». No solo por la batalla reciente, sino porque Dios les ha ayudado durante los años de apostasía, y porque les ha ayudado a salir de ella. Ebenezer es una declaración de que se han dado cuenta por fin de que es Dios y no una caja quien es su ayuda. En este sentido han vuelto a Ebenezer.

¿Y cuál ha sido el proceso de vuelta? ¿Qué camino han seguido? Pues lo tenemos al principio del capítulo siete. Primero, en el versículo 2, lamentan la ausencia de Dios en sus vidas; luego, en el versículo siguiente, vuelven a la Palabra de Dios entregada por el profeta Samuel. En seguida (v. 4), empiezan una limpieza de todo lo que haya reemplazado a Dios. El enfriamiento suele tener como resultado el dejar de congregarse, y esto se rectifica en los versículos 5 y 6. Como es de esperar, no faltan el arrepentimiento en este proceso (v. 6), ni la oración (v. 8). Y por último, vuelven a la adoración y los sacrificios, se acercan a Dios en espíritu y en verdad.

Volvamos a Ebenezer

Ninguno de nosotros estamos tan cerca de Dios como quisiéramos, yo el primero. Tenemos arcas en nuestras vidas que nos han alejado de Dios. Y tenemos que volver a Ebenezer, a este lugar de plena confianza en el Señor. En estos siete pasos mencionados arriba, tenemos una buena receta para mejorar nuestra salud espiritual durante este año 2016.

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Mateo Hill

director@editorialperegrino.com

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