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¡Ánimo!

¡Ánimo!

Siendo un recién convertido, allá por los ochenta, recuerdo escuchar en varias ocasiones a los creyentes decir que teníamos que ser como la iglesia en Corinto. Eran comentarios que buscaban animar a una práctica más carismática en las iglesias. Pero había un gran problema: al leer lo que escribe Pablo a la iglesia allí nos damos cuenta de que no era exactamente una iglesia ejemplar. En su primera epístola canónica a ellos, Pablo tiene que tratar temas como la división, la falta de confianza en la predicación y en sus líderes, inmoralidad en la iglesia, actitudes incorrectas al celebrar la Mesa del Señor, egoísmo a la hora de tratar los dones, falta de orden en la adoración y haber olvidado la esencia del evangelio.

Palabras de ánimo

Al terminar una carta así, el apóstol, siempre pastoral, no quiere acabar sin darles palabras de ánimo. Y así llegamos al versículo 58 del capítulo 15: «Así que, hermanos míos amados, estad firmes y constantes, creciendo en la obra del Señor siempre, sabiendo que vuestro trabajo en el Señor no es en vano».

Pablo anima a sus hermanos, en primer lugar, a estar firmes y constantes. En la doctrina en general, ya que el capítulo 15 empieza hablando de ello, pero de forma específica en la resurrección de Cristo y de la victoria que hay en él, como vemos en el resto del capítulo. Tienen que estar firmes, edificando sus vidas siempre sobre este fundamento . Y tienen que mantenerse constantes en ello, no dejando que nadie les socave los cimientos de su fe.

En segundo lugar, les anima a crecer. Entre todas las cosas que tienen en su vida, tienen que dar prioridad a crecer en lo más importante: las cosas del Señor, recordando que es precisamente esto, obra del Señor. Y tenemos que crecer como árboles en esto. No somos llamados a ser bonsáis para Dios, quedándonos como cristianos enanos toda la vida, sino cedros del Líbano, creciendo cada vez más altos y fuertes.

Por último, el apóstol les anima recordándoles que servir al Señor vale la pena. Es la obra de Dios, es para su gloria, nunca es en vano. Puede parecerlo desde nuestro punto de vista, pero eso es normal; solo tenemos que recordar el llamado de Dios a Isaías: «no te van a hacer caso». Sí, parece todo una pérdida de tiempo a veces, pero no lo es, no es en vano, es la obra del Señor.

Entonces Pablo les anima a actuar, pero ¿qué es lo que usa para estimular el ánimo en ellos? Es la resurrección de Cristo, su triunfo sobre la tumba y la victoria que será nuestra en él. Lo tenemos allí en los versículos anteriores: «Mas ahora Cristo ha resucitado de los muertos»; «Sorbida está la muerte en victoria»; «Mas gracias sean dadas a Dios, que nos da la victoria por medio de nuestro Señor Jesucristo».

¿Estás desanimado? ¿Las cosas de la vida te pesan? ¿La vida cristiana parece una losa pesada? Mira a Cristo, sí a su cruz, por supuesto, pero también a su tumba, la tumba vacía que era suya y que a la vez es la tuya. ¡En Cristo tenemos la victoria! ¡Ánimo!

¡Ya no dudamos, Príncipe de vida y paz!

Sin ti no valemos; fortaleza das.

Más que vencedores haznos por tu amor,

Y al hogar celeste llévanos, Señor.

Tuya es la gloria, victorioso Redentor,

Porque tú la muerte venciste, Señor.

 

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Mateo Hill

director@editorialperegrino.com

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